viernes, 26 de octubre de 2018

Dani de Morón, emoción y creatividad


Cinco años después, Dani de Morón regresó a El Dorado SFB con una nominación a los premios Grammy Latinos y una obra maestra bajo el brazo: 21, su último y maravilloso disco.


Concierto de guitarra de Dani de Morón.
Jueves, 18 de octubre de 2018, 20:00 Hs.
El Dorado Sociedad Flamenca Barcelonesa / Sala Sandaru (BARCELONA)

Arrancó su concierto con la granaína que cierra su último trabajo discográfico y que es el único tema en el que su guitarra suena en solitario, sin cante. Apabullante.

Tras semejante entrada, y al saludar al público, él mismo empleó la palabra deconstrucción para hablar de su música. Y así como Pedro Barragán en la presentación recordó cuando Pepe Habichuela hablaba de Enrique Morente y aseguraba que la genialidad de este le espoleaba de tal forma en su búsqueda interior que sentía que aprendía de sí mismo, al escuchar a Dani presentimos que eso es probablemente lo que está sucediendo. Al sentir su música imaginamos al guitarrista buscándose y rebuscándose en sus tripas, en sus recuerdos, en su sabiduría... ¿en lo onírico? ¿en lo sentimental? ¡Quien sabe! 

Siguió su soliloquio con un toque por soleá que viajó del íntimo ad livitum de los primeros compases al aire añejo y suntuoso de la mas pura esencia flamenca transitando espacios y sonoridades nacidas del alma de un gran músico. ¡Tocando por soleá, vamos!

Técnicamente impecable, Dani abruma por su humanidad tocaora y por la emoción que trasmite más que por su virtuosismo. Como dejó escrito José Manuel Gamboa, Dani es el virtuoso que no virtuosea. 

Bulerías, farruca, rondeñas, seguirillas, alegrías... La otra noche en la Sala Sandaru Dani tocó solo. Sin cante. Sin palmas. Sin percusión. Y sin embargo su toque fue de una exaltación rítmica y armónica majestuosa.

A pesar de esa desnudez escénica, el de Morón estuvo cercano, emotivo, sutil. Su toque es de una honradez y una libertad absoluta. Sufrió, se divirtió y por momentos, quien sabe si fruto de esa búsqueda interior, parecía que hubiese regresado a su infancia, jugando, improvisando y llenando de luz y de alegría el auditorio. Elegante.

Decía Picasso que pintar como los niños le llevó toda una vida. Y algo parecido le pasa a músicos como este. Porque tocar como un niño es una cosa muy seria.

Dani de Morón pertenece a una generación que ha hecho del Flamenco su lenguaje desprendiéndose de prejuicios y cogiendo el toro por los cuernos para explorar, para jugar y para enriquecer una música que no para de crecer y evolucionar. Solo desde el conocimiento y la comprensión profunda se puede renovar y/o reinventar, porque esas son las virtudes que dan lugar a la madre de la creatividad: la intuición.

Que el flamenco está muy vivo es algo que podemos comprobar una y otra vez los que acudimos con frecuencia a las convocatorias de El Dorado SFB. En este mundo conviven el discurso pretendidamente disruptivo y seguramente necesario de activistas como Pedro G. Romero y El Niño de Elche con la atronadora creatividad de artistas como Dani de Morón y el mimo y la excelencia con la que otros artistas y estudiosos custodian la raíz y la memoria. 

Ya en su última intervención, el guitarrista moronero se despidió muy cariñosamente de nosotros "soy vuestro" dijo, e interpretó unas bulerías "voy a tocar lo mas despacito que pueda" advirtió. Y así, recordando su tierra se dejó llevar y nos llevó en volandas dejándonos pellizcaos pa una temporá. Cautivos.

Texto: Antonio Guerrero
Fotos: John Muha

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